Corrupción, Desigualdad y Nueva Normalidad.

Nacional, Opinión


junio 5th, 2020


Uno de los muchos lastres que arrastra la sociedad mexicana es la corrupción gubernamental. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG), realizada por el INEGI, después de la inseguridad y la violencia, el segundo problema más importante del lugar donde viven las y los mexicanos es la corrupción.

El cinismo de los gobernantes sobre este problema que le cuesta 12,770 millones de pesos a la sociedad mexicana o un promedio de 3,822 pesos por persona, de acuerdo a la ENCIG 2019, llevó a un expresidente a declarar en un evento público que la corrupción era parte de la cultura mexicana y, por tanto, imposible de erradicar.

La corrupción va desde el soborno a un policía para evadir una multa de tránsito, pagar para colgarse de la luz, las extorsiones de los municipios a los puestos ambulantes, la compra de medicinas cuya fecha de caducidad ya pasó, la adquisición de pizarrones electrónicos que no funcionan, el tráfico de influencias y la asignación de contratos millonarios de obra pública o servicios, que a pesar de que se licitan, acaban, sospechosamente, en las manos de los mismos de siempre.

Dentro de los muchos retos y deudas que el gobierno mexicano tiene con su sociedad, que ha salido a relucir con la pandemia del COVID-19, es el combate a la corrupción, ya que su persistencia en el tiempo se debe a que no se sanciona y en caso de que se castigue las penas no son correspondientes al daño público y social que se hizo.

Son las consecuencias y efectos de actos de corrupción pasados los que han complicado, en México, aún más la crisis del COVID-19 y el regreso a la nueva normalidad. En materia de salud no se cuenta con la infraestructura o, en caso de que sí, ésta es muy antigua y opera parcialmente; asimismo no se tienen los insumos necesarios, como medicamentos o equipos de protección, para el personal de salud debido a que los recursos públicos nunca llegaron.

El regreso a la ’nueva normalidad’ o a las actividades productivas para que comience la reactivación de la economía es, otra vez, sumamente complejo debido a los engaños y falsificaciones que los empresarios han realizado en colusión con las respectivas autoridades gubernamentales para obtener los permisos para operar bajo condiciones laborales precarias e insalubres y en instalaciones peligrosas. En materia educativa, el problema es nuevamente la falta de infraestructura en las escuelas cuyas instalaciones no son dignas y, en ciertos lugares, no tienen siquiera acceso a un recurso tan indispensable como es el agua potable.

Las principales medidas de salud para eliminar al COVID-19 son el lavado frecuente de manos con agua y jabón y la sana distancia, pero cómo será posible llevarlas a cabo en escuelas con falta de agua y salones con sobre cupo, o en lugares de trabajo insalubres. La desconfianza entre las personas e instituciones, así como la incertidumbre de que todas las empresas cuenten con las políticas para garantizar el regreso seguro de los trabajadores a las actividades productivas, justifican el actuar cauteloso del gobierno para la reapertura económica y de las actividades sociales.

Cuando pensemos en la corrupción no sólo hay que hacerlo en términos numéricos, sino también en las oportunidades de desarrollo que se acaban con la malversación de los recursos públicos.

Carla Covarrubias Vallin / Twitter: @car_vallin






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