20 octubre, 2021

Antiguos especímenes de museos pueden ayudar a la biodiversidad del planeta

Voto en Blanco (6 de octubre de 2021) || Rubén Martínez

A medida que la crisis climática amenaza a millones de especies en todo el mundo, la conservación de la biodiversidad es ahora fundamental.

Las colecciones de los museos de historia natural están jugando un importante papel en un esfuerzo con los registros de los cambios históricos en la biodiversidad y sus bibliotecas de especímenes biológicos. La revista científica The Conversation presentó un artículo donde hacen un llamado a rastrear las colecciones de especímenes de los museos de Australia, en busca de datos para complementar información sobre datos genéticos históricos.

Mucha de esta información se ha visto obstaculizada, no por la falta de especímenes, sino por los métodos utilizados para preservarlos.

El artículo muestra cómo las colecciones de historia natural de todo el mundo pueden extraer hasta la última gota de datos genéticos históricos de sus especímenes, desde alas secas de mariposas hasta especímenes de ornitorrinco flotando en alcohol.

Australia es uno de los países con más diversidad y con más de medio millón de especies nativas, pero también es el primer lugar mundial en extinciones. El llamado para la preservación de las especies depende de las bóvedas de los museos.

En la actualidad, el Atlas of Living Australia, sirve como base de datos nacional para los museos de Australia y contiene aproximadamente 2 millones de registros de especímenes de vertebrados.

Con técnicas modernas, The Conversation cree poder recuperar datos genéticos de especímenes recolectados durante los últimos 200 a 300 años. Estos datos pueden luego mejorar los resultados de conservación para las especies que luchan por hacer frente al cambio ambiental actual.

Recientemente utilizaron especímenes de museos para determinar la distribución histórica nativa del berrendo sonorense en peligro de extinción en América del Norte. Esto guió su reintroducción a la naturaleza hace unos meses.

Las bóvedas de los museos también son cápsulas del tiempo de la biodiversidad. La mayoría de los especímenes expuestos se secan para conservar su apariencia física. Los especímenes de plantas e insectos se secan y se presionan o se sujetan con alfileres, mientras que las aves y los mamíferos se rellenan y secan.

Las colecciones centradas en la investigación no preparan ni presentan especímenes para exhibición pública. Cuando el secado no conserva suficientemente las características físicas, en las bóvedas se encuentran grandes colecciones de frascos que contienen especímenes donde se usan químicos como el formaldehído para preservar peces, anfibios y reptiles. También se usa para aves y mamíferos, cuando los científicos quieren preservar sus órganos internos.

Casi un tercio de los 2 millones de especímenes de la base de datos nacional se conservan en líquido. Cada uno de estos especímenes tiene una historia que puede ayudar a contar sobre cómo esa especie se ha enfrentado o ha perecido al entorno cambiante.

En los últimos años a través de los avances en la investigación y nuevos métodos, científicos han logrado encontrar una manera de secuenciar con éxito un puñado de especímenes de museo fijados con formaldehído como lagartos, serpientes, salamandras y peces, que de otro modo se habrían perdido en la historia.

Por ahora, queda recolectar más especímenes y trabajar en ellos, además de poder contar con la confianza de los museos y la comunidad científica para la preservación y la continuación de esta investigación.