19 enero, 2022

La Responsabilidad de los Medios de Comunicación

 

En los regímenes democráticos hay dos derechos humanos que son indispensables para que las decisiones públicas-gubernamentales respondan legítimamente al interés público de la sociedad, éstos son el derecho a la información y a la libertad de expresión. A través del acceso a la información internacional, de la vida en común y gubernamental, por cualquier medio, es que cada persona puede hacerse un juicio sobre los temas que rodean a la vida en sociedad. El derecho a la libertad de expresión, por su parte, garantiza que toda persona difunda y pueda dar su opinión sobre cualquier tema y asunto público – con las respectivas obligaciones que esto conlleva- lo cual permite dialogar sobre los asuntos en común y las políticas públicas que se deben de llevar a cabo.

Sin embargo aunque todos tenemos derecho a expresarnos el impacto que se tiene de incidir en la opinión pública y los temas de interés local y/o nacional es desigual; la capacidad de influencia de un individuo, un líder comunitario y/o social, representante sindical, medios de comunicación, un colectivo, organización de la sociedad civil, funcionario público, confederación empresarial, entre otros varían. No obstante, hay actores que siempre han tenido capacidad para moldear la opinión pública de las personas y son los medios de comunicación (Radio, Televisión, Periódico, Revistas), así como algunos de los periodistas, columnistas o conductores que en ellos se desempeñan. A pesar de que las redes sociales y los medios digitales han transformado las comunicaciones, democratizado el acceso a la información y dando voz a quienes antes eran invisibilizados no se puede afirmar, del todo, que tienen la misma fuerza y alcance, en todo México, que los ya conocidos oligopolios de la televisión o los medios de comunicación escrita.

Dado lo anterior, los medios de comunicación no brindan información totalmente objetiva, neutra y meramente informativa a la población. Para fines comerciales suelen destacar ciertas noticias con el fin de captar la atención de la audiencia y aumentarla, lo cual les genera mayores ganancias a los propietarios; los dueños de los medios tienen intereses políticos, económicos e ideológicos que tratan de lograr a través del control o tratamiento parcial de la información. Sin embargo, un aspecto que restringe, en cierta medida, la manipulación mediática – que llevan a cabo ciertos periodistas y medios de comunicación- es que su legitimidad se basa en la veracidad de la información que presentan.

Más que buscar la neutralidad y objetividad informativa por parte de periodistas, conductores y medios de comunicación, se debería exigir que hicieran transparentes sus intereses, ideología, financiamientos y; que desempeñaran su labor de manera ética. Es de acuerdo a su línea editorial que deciden qué, cómo y cuándo hacen de conocimiento la información de la vida pública y hechos que ocurren en todos los ámbitos de la cotidianidad.

 Como se puede observar es una gran responsabilidad pública la que tienen los medios de comunicación, ya que la forma en que presentan las noticias es la manera en la que será el primer acercamiento y la percepción de un suceso que tendrá una persona. Asimismo, el modo en que se presenta la información produce un discurso sobre el problema público o hecho que se muestra, tendiendo a prescribir qué lo causa, cómo debe abordarse, ciertas conductas y las consecuencias que tiene.

No todos los hechos y asuntos públicos pueden ni deben ser tratados de manera igual en los medios de comunicación, los referentes a la seguridad, justicia y violencia de género son algunos de ellos. La razón por la cual deben de existir técnicas y lineamientos para informar a la sociedad sobre los hechos y políticas en estas materias es debido a que se puede caer en estereotipos, revictimización, violar garantías procesales, aumentar el morbo en torno a un caso, invisibilizar violencias o problemas públicos, justificar a los agresores o supuestos victimarios, entre otros. Tomando en cuenta que el impacto que tienen –sobre la opinión pública- los medios de comunicación masiva es exponencial, el tratamiento que le den a la información podrá generar o no cambios en el imaginario colectivo.

Otro de los muchos espacios en los que hay y se reproduce la violencia de género es en los medios de comunicación masiva. No sólo en cuestión de cargos, desigualdad salarial, roles y funciones que tienen al ejercer, dentro de ellos, las mujeres y los hombres, sino que con sus contenidos refuerzan la lógica del género y las relaciones sociales de poder; un gran ejemplo de ello son las ‘telenovelas’ que en lugar de romper estereotipos y representar tanto valores democráticos como sociedades más igualitarias, reflejan y fortalecen la desigualdad, discriminación, violencia y relaciones de poder que existen en la sociedad mexicana, sin embargo sólo me ocupare del tratamiento mediático que se le da a la violencia de género.

México es uno de los países en el mundo más peligrosos para ser mujer y su índice de feminicidios es de los más altos en América Latina, entre 10 y 11 mujeres son asesinadas diariamente. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) realizada por el INEGI en 2016, 66.1% de las mexicanas de 15 años y más han sufrido al menos un incidente de violencia o discriminación; de esas violencias, 49% ha sido emocional, 41.3% ha sido sexual y 34% violencia física. En cuanto a las relaciones de pareja, la ENDIREH menciona que el 43.9% de las mujeres han sufrido violencia de pareja en su relación actual o en la última que tuvieron y; el 78.6% de las mujeres que sufrió violencia en su última relación o en la actual no lo denunciaron, ni solicitaron ayuda.

Dado el panorama anterior, se esperaría que por su responsabilidad pública los medios de comunicación redactarían, publicarían y ejercerían un periodismo con perspectiva de género, sin embargo este no es un valor generalizado entre los medios tradicionales de comunicación masiva. Al observar y analizar cómo se presenta y da seguimiento a los casos de violencia feminicida y sexual, específicamente, contra las mujeres se nota no sólo la ausencia de perspectiva de género en el periodismo mexicano tradicional, sino también una ausencia de reflexión sobre su papel transformador para lograr cambios en la cultura que normaliza la violencia y, en específico la de género, en el contexto de más de 10 años de combate al crimen organizado y a casi 30 años de que salieran a la luz los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua.

No se debe olvidar que fue por el impacto que causaron – los feminicidios y los altos índices de impunidad en los que se encontraban- en los medios de comunicación internacionales que el Estado mexicano se vio presionado a atenderlos, considerarlos problema público y dejar de tratar la violencia feminicida como ‘crimines pasionales’ u homicidios; asimismo, fue por la cobertura internacional que los medios informativos nacionales y locales comenzaron a darles visibilidad. De esta manera, los familiares, colectivas, grupos de búsqueda y medios de comunicación posicionaron la violencia feminicida en la agenda pública, lo cual conllevo a que se reconociera esta violencia extrema por razones de género en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y, posteriormente, se tipificara en el Código Penal Federal.

A pesar del reconocimiento del feminicidio como problema público y su permanencia en la agenda, la narrativa de los medios de comunicación sobre esta y otras violencias contra la mujer poco ha cambiado para dejar de normalizarlas, en los diferentes ámbitos, en que estamos y nos desenvolvemos las mujeres. En los medios de comunicación tradicionales, y en sus respectivos canales digitales, sus discursos son revictimizantes, reproducen estereotipos y roles de género al presentar los casos e invisibilizan el carácter estructural de la violencia contra las mujeres.

Cuando se informa sobre casos de violencia sexual contra mujeres, los periodistas y conductores de televisión, en su mayoría, hacen referencia a la vestimenta de la víctima, la hora del día, si estaba bajo la influencia del alcohol o alguna sustancia psicoactiva y la relación que tenía con el agresor. En lugar de centrar la atención en el hombre que la violento, la indiferencia de algunos funcionarios públicos cuando se presenta la denuncia, las altas tasas de impunidad, las repercusiones que dichos hechos tienen en la víctima y la manera en que afecta a la presencia, uso y disfrute del espacio público por parte de las mujeres; se busca reforzar la idea de que el acoso y la violencia sexual es ‘evitable’ si no te vistes provocativamente, restringes tus movimientos y conductas, por lo que la que no lo haga ‘sabe a lo que se atiene’.

Lo anterior, no sólo ignora el impacto de la violencia sexual y la fuerza que tiene en el imaginario colectivo de las mujeres, sino que pasa por alto las dinámicas de poder que se dan en las relaciones sociales entre hombres y mujeres así como la violencia estructural e institucional que tienen los varones a su favor. La única forma de ‘prevenir’ la violencia sexual es enseñándoles a los niños, adolescentes y hombres que no es no sin importar el contexto, el estado bajo el que la mujer esté y cómo vaya vestida. Sin embargo, algunos medios de comunicación prefieren continuar reproduciendo un discurso que justifica la violencia sexual contra las mujeres, que dar voz a las afectadas por este problema y, contextualizar por qué son las víctimas en su mayoría mujeres y los agresores hombres heterosexuales.

 En el caso del tratamiento informativo que se le da a los feminicidios se puede afirmar que a pesar de que han estado presentes en los medios por más de 30 años, éstos no sólo carecen de manuales sobre cómo presentar los hechos ante la opinión pública, sino que la lógica imperante es la de aumentar el raiting y no el respeto a las víctimas de este atroz crimen. Primeramente, los medios así como los periodistas deberían de comenzar con hacer una distinción entre la información que es de interés social o público y aquella que cae en lo morboso, ya que en los casos de feminicidio se hace un gran hincapié en el estado del cuerpo – los propios funcionarios públicos ¿filtran o venden? el contenido audiovisual de las carpetas de investigación- y las circunstancias de la muerte, mas que en las omisiones de las fiscalías e instancias encargadas de atender la violencia contra las mujeres.

Asimismo, en las notas sobre feminicidios a los agresores siempre se les caracteriza como casos aislados y no parte de toda una estructura que violenta a las mujeres y es tolerante con esta; se suele también justificar sus acciones ya sea porque estaban bajo la influencia de alguna sustancia, problemas de salud mental, estigmatizando a ciertas etnicidades y clases de ser más violentas o romantizando la violencia – cuando se menciona que el agresor era muy celoso o que estaba profundamente enamorado. También se suelen minimizar las relaciones de poder que hay entre el agresor y la víctima, así como ignorar el circulo de la violencia en el que se encuentran las mujeres; lo anterior lleva a la revictimización y a reforzar los argumentos presentes en amplios sectores sociales sobre ‘por qué seguía ahí si ya lo había denunciado o la trataba mal’ o ‘por qué no callo, como siempre, el día en que la violento y mato’.

Tanto mujeres y hombres tenemos la responsabilidad de señalar la violencia contra las mujeres, deconstruirnos y eliminar los roles y estereotipos de género que implican desigualdades y relaciones de poder. Desde nuestros espacios y a través de la acción colectiva es que se puede lograr la igualdad de género en México y eliminar las violencias que han vivido en carne propia niñas, adolescentes y mujeres y; que tanto han dañado el tejido social. Los medios de comunicación pueden jugar un papel indispensable para provocar un cambio cultural si dejan de reproducir el discurso machista que prevalece en la sociedad y realizan un periodismo con perspectiva de género, contextualizando los casos, privilegiando el interés social y no las ganancias del raiting, que cuestione la supuesta ‘normalidad’ de la lógica de género y que no revictimice.

 

 

Carla Covarrubias Vallin / Twitter: @car_vallin

 

 

“Este es un espacio de opinión y no representa la postura del medio, sino la del autor”