5 mayo, 2021

ESPECIAL: La Otra Pandemia

Carla Covarrubias Vallin / Twitter: @car_vallin

No han pasado ni seis meses desde que se confirmaron los primeros contagios del virus SARS-CoV-2 en la ciudad de Wuhan, China y la pandemia ha logrado ya cambiar drásticamente las formas en las que se venía desarrollando la vida humana en casi todas las latitudes del mundo; el Covid-19 ha paralizado la producción mundial, ha cambiado los hábitos de consumo, ha puesto a prueba los sistemas públicos de salud de los países, ha modificado la vida laboral y resarcido, un poco, los daños ambientales que la actividad humana ha dejado por los lugares donde paso, entre muchos más que se podrían mencionar.

 

Sin embargo, en cuanto a lo social, este virus ha tenido una constante en todos los rincones del mundo por los que ha pasado, que es, agravar la desigualdad y volver más vulnerables a los sectores más afectados de nuestras sociedades ya sea por la pobreza, los conflictos armados y la violencia.

 

En el caso mexicano, a partir del 23 de marzo de 2020, el gobierno federal decretó el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia con la que se suspendieron clases y cualquier actividad no esencial, en un primer momento se había anunciado que su duración sería hasta el 19 de abril pero 3 días antes se hizo una modificación y se estableció que las medidas de confinamiento se extenderían hasta el 30 de mayo.

 

Dado que no se ha encontrado una vacuna o posible cura del Covid-19 y éste tiene una alta tasa de contagio, los gobiernos del mundo, entre ellos el mexicano, han establecido como eje de su estrategia de mitigación del coronavirus que las personas se queden en casa. Las viviendas pareciera que son el mejor refugio para mantenerse a salvo de un virus cuya propagación es imparable y sus efectos, en varios casos, han sido fatales.

 

¿SON LOS HOGARES DE MÉXICO UN LUGAR SEGURO, PARA LAS NIÑAS, ADOLESCENTES Y MUJERES?

El hogar es representado, en muchas ocasiones y medios, como un espacio seguro, acogedor, de convivencia, que crea un sentido de pertenencia, donde la persona está a salvo de las hostilidades del exterior y el amor está presente; sin embargo, en gran parte de las casas en las que viven mujeres, niñas, niños y adolescentes, en México, el entorno no podría ser más diferente que el anteriormente mencionado. Los hogares mexicanos son lugares de abuso, en gran parte violentos y donde más inseguros se encuentran estos grupos.

 

De acuerdo a datos del INEGI, en México, hay más de 19.1 millones de mujeres que han enfrentado violencia por parte de su pareja a lo largo de su relación y el 64% de estos casos se catalogan como violencia severa y muy severa, ya que la denuncia y toma de acciones de las mujeres, en contra de sus agresores, ocurre después de que han sucedido varios hechos de violencia. La Red Nacional de Refugios señala que el 80% de las mujeres que ingresan a refugios fueron agredidas en su casa; cabe destacar que el 90% de los agresores son hombres que tienen una relación cercana con la mujer, ya sea sentimental o familiar.

 

Por lo que la violencia en contra de mujeres y niñas en el ámbito doméstico, desgraciadamente, no es un problema nuevo o, consecuencia del confinamiento por el Covid-19, sino que es una constante en las familias mexicanas; pero lo que sí es resultado de las medidas de distanciamiento social y aislamiento es el rápido incremento en los casos de violencia ocurridos a tan sólo más de un mes de que se volvieran obligatorias las medidas de confinamiento.

 

EL COVID-19 SÓLO INTENSIFICA EL PROBLEMA

El Covid-19 ha exacerbado las violencias que viven mujeres, adolescentes y niñas en el espacio doméstico, de acuerdo a datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública el mes de marzo de 2020 rompió record en cuanto a las llamadas de auxilio registradas por violencia de género que fueron 21,678. Por su parte, la Secretaría de Gobernación ha hecho de conocimiento público que existe un incremento de llamadas, del 25%, al 911, que atienden a víctimas de violencia de género; el 40% de las mujeres que utilizan las líneas de emergencia reportan que han sufrido violencia desde hace mucho tiempo y 20% de ellas señalan que sufren agresiones a diario.

 

El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México informó que las agresiones a mujeres, niñas y adolescentes han aumentado un 120% desde que inició la Jornada Nacional de Sana Distancia a la fecha. El Consejo Ciudadano ha informado que 9 de cada 10 personas que son violentadas en el hogar son mujeres y 1 de cada 4 es testigo de esa violencia; el 66% son atacadas físicamente y 22% sufren violencia psicológica, aunque estos dos tipos de agresiones no son los únicos que acontecen en tiempos del Covid-19, también, han aumentado las denuncias de acoso sexual. En lo que va de la jornada de sana distancia se han registrado 1017 llamadas de denuncia de acoso sexual, lo que representa un 50% más a las que hubo en enero de 2020. Otro indicador del agravamiento de la violencia de género, en el espacio doméstico, es el de la Red Nacional de Refugios que ha recibido un 60% más de solicitudes de apoyo.

 

La pandemia del Covid-19 ha vuelto a reiterar que cualquier problema público debe abordarse desde una perspectiva intersectorial, de género y de derechos humanos ya que las consecuencias y efectos no aquejan a hombres y mujeres por igual, en el mundo, debido a las desigualdades económicas, sociales y culturales que el sistema neoliberal ha creado. Tanto el gobierno federal y los estatales han incorporado la perspectiva de género para hacer frente a los efectos que las medidas de confinamiento social pudieran provocar y/o incrementar en materia de violencia doméstica; dentro de las acciones implementadas han estado dar amplia difusión a las líneas de emergencia, los protocolos de actuación de la policía, las acciones previas que deben llevar a cabo las mujeres antes de acudir a un refugio, la traducción de la información a las lenguas indígenas y la colaboración entre los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil.

LA VIOLENCIA DOMÉSTICA NO ES UN TEMA PRIORITARIO

Las medidas implementadas por el gobierno federal y los estatales han sido insuficientes para atender la violencia doméstica durante la pandemia. Hay desorganización entre el 911 y las policías estatales, además de que las líneas de emergencia están saturadas y no pueden dar una respuesta pronta a las mujeres en momentos donde la información es indispensable para protegerse y salvaguardar su vida y la de sus hijas e hijos. Por otra parte, un buen número de refugios están saturados o continúan recibiendo a las mujeres y sus hijos a pesar de haber sobrepasado sus capacidades, lo cual pone en riesgo la salud de las personas que se encuentran y trabajan en estos. Otro obstáculo al que se enfrentan las mujeres es que para abrir una carpeta de investigación por violencia doméstica se requiere hacerlo presencialmente, a pesar de las múltiples herramientas tecnológicas disponibles.

 

A la pandemia de la violencia de género, en el espacio doméstico, las autoridades no le han puesto la misma atención que al Covid-19 a pesar de que los daños que tiene en la vida de las mujeres y en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes son irreparables y, en ocasiones letales ya que terminan en feminicidios. Las medidas de mitigación implementadas por las autoridades demuestran que la realidad nos supera; la casa no es ese lugar seguro y lleno de amor que insisten en convencernos que es, ni la familia es ese espacio ideal de fraternidad, generosidad y apoyo para sus integrantes. Muchos hogares reproducen la desigualdad y violencia que hay en la sociedad y la familia es una institución de control y que socializa a sus integrantes bajo la lógica de género.

 

SANTUARIOS PARA MUJERES SIN APOYO

La crisis de violencia de género que está ocurriendo, también, comprueba la repercusión que la decisión de reducir los apoyos a los refugios para mujeres tuvo. Hoy que las mujeres necesitan ir a un lugar seguro no hay espacio o representan un riesgo para ellas y sus hijos debido a que implementar las medidas de sana distancia es imposible. Si las mujeres cuentan con redes de apoyo fuertes y solventes podrán permanecer ahí por un periodo de tiempo prolongado hasta que se haga justicia, pero hay que recordar que en la mayoría de los casos las mujeres que sufren violencia de género son dependientes económicas de su agresor o laboran en el sector informal, que se ha visto severamente afectado por las medidas de confinamiento social y restricciones de movilidad, y; que las mujeres víctimas de violencia tienden a no tener redes de apoyo fuertes debido a que se aíslan de sus familiares, amistades, vecinos y conocidos.

 

En México, la violencia de género ya era un problema público severo y el Covid-19 lo ha agravado, por lo que resulta indispensable que los gobiernos cuenten con refugios propios para brindar protección a las mujeres y cumplir con su derecho a una vida libre de violencia. Sí había corrupción en el manejo de los recursos de los refugios para mujeres, pero quitarles ingresos no ha sido la solución; desde la Secretaria de la Función Pública, el INMUJERES, el Indesol y organizaciones de la sociedad civil deben desarrollarse instrumentos que garanticen la utilización eficiente y efectiva del gasto para atender a las mujeres víctimas de violencia. La discrecionalidad en cuanto a la información de los lugares en los que se encuentran los refugios y quienes ingresan no es aplicable ni tiene relación con la transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de los recursos públicos.

TODOS SOMOS RESPONSABLES

La pandemia del Covid-19 expone también la urgencia de reflexionar y deconstruir las masculinidades. Sí, la actual contingencia sanitaria provoca diferentes reacciones en las personas entre las cuales están el estrés, ansiedad, irritabilidad, depresión entre otras, también deja una crisis económica, miles de desempleados e incertidumbre, pero es la incapacidad de los hombres, debido a los cánones de la masculinidad, para reconocer sus sentimientos y expresarlos – de manera pacífica- lo que agrava y exacerba la violencia contra las mujeres.

 

Como sociedad somos corresponsables en la eliminación y prevención de la violencia, por lo que sí somos testigos o sabemos de alguna mujer que está siendo afectada por esta, es nuestra obligación denunciar los abusos que se cometen contra mujeres, niñas y adolescentes dentro de los hogares y ofrecer nuestra ayuda a las víctimas.

 

Todavía falta casi un mes de confinamiento y no se deben ignorar los actos de violencia que están ocurriendo en contra de las mujeres, niñas y adolescentes en los hogares. El gobierno federal y los estatales deben de dar respuestas nuevas, prontas y coordinadas que garanticen el derecho a una vida libre de violencia.

 

¡No están solas!