18 octubre, 2021

#Opinión || La SEP no ayuda en la tarea

Voto en Blanco (12 de octubre de  2021) || Rubén Martínez 

La llegada de la pandemia de COVID-19 no solo empujó al mundo hacia un escenario devastador en lo económico y social.

A más de un año de estar entre confinamiento, muerte y la locura común mundial, hemos tenido tiempo para analizar algunas de las consecuencias de esta crisis y su impacto en gran medida a los niños y adolescentes, tanto ahora como en el futuro. El inminente cierre de escuelas dejó ver especialmente el desastre al que se enfrentan los niños, maestros y padres de familia. De alguna forma, la aparición de un virus expuso el vulnerable y desorganizado sistema escolar de algunos países. 

En el caso de Latinoamérica y México, una parte de esto se ha observado en las circunstancias socioeconómicas desiguales. Las primeras acciones de los gobiernos fueron la de continuar con los programas de educación y atendiendo las medidas de la emergencia sanitaria. 

Organizaciones como la UNESCO y UNICEF destacaron la reacción de países como Chile y Perú con su respuesta de un modelo educativo híbrido, continuando los aprendizajes en casa, plataformas de web, televisión y medios, además de una reapertura gradual de las escuelas. 

Mientras tanto en México, el 14 de marzo del 2020, la Secretaría de Educación Pública anunciaba la extensión de las vacaciones informando a los estudiantes y sus familias que las escuelas cerrarían para aplicar las medidas de distanciamiento social de acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. México comenzó a implementar programas de educación a distancia como “Aprende en Casa”, donde los alumnos de primaria y secundaria podían acceder a contenidos educativos en televisión e internet. 

Sin embargo, debido a la falta de conectividad a Internet en las muchas partes aisladas del país, el programa “Aprende en Casa” no fue accesible para todos los estudiantes. Cómo la SEP declaró al principio de la cuarentena, era prioridad de nivel mundial que los programas educativos se llevarán a distancia y que se considerará como un modelo regular de enseñanza. Pese a las implementaciones del programa “Aprende en casa”, de inmediato comenzamos a vislumbrar muchas banderas rojas del modelo de educación del país, un tema nada simple y con distintas aristas para abordar, algunas tal vez muy punzantes para comprender y exponer de inmediato.

Tras las primeras emisiones de las clases por televisión y redes, maestros, padres de familia y los mismos estudiantes comenzaron a notar fallas y errores en los contenidos transmitidos. 

Confusión en los horarios y las clases emitidas, contenidos incompletos y extraídos de canales de creadores de YouTube, faltas de ortografía y por supuesto, errores en los materiales impartidos. Sumado a esto la brecha digital, no es posible decir que “Aprende en Casa” fue un éxito. Incluso tal vez hasta preguntando a las mismas familias, docentes y niños, dirían que optaron por apagar la televisión o ignorar los contenidos. 

En junio de 2020, la Oficina en México del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó un análisis llamado “Desarrollo Humano y Covid-19 en México: Desafíos para una recuperación sostenible” donde se exponía que las estrategias implementadas por la SEP y el gobierno en los primeros niveles educativos, las herramientas digitales y los cursos en línea, podrían contribuir al abandono total de los estudiantes a la escuela. 

A la fecha, el gobierno mexicano ha anunciado que “Aprende en casa” continuará durante el ciclo 2021-2022 para todos los estudiantes y continúen en confinamiento y en sistema mixto. La tercera edición del programa “se ha fortalecido gracias a la retroalimentación sistemática, a partir del desempeño de las y los estudiantes” (Desarrollo, 2020)

El jugoso contrato de “Aprende en casa”

Con buenas intenciones y preocupación por continuar los programas en escolares, la realidad de” Aprende en casa” también involucró la inversión para la producción, edición y distribución de todos los contenidos del programa, recursos que se usaron en contratos con las grandes televisoras mexicanas. 

En diciembre de 2020 se reportaba que el gobierno había invertido 450 millones de pesos en contratos de televisión para la producción de “Aprende en casa II”, estos documentos están disponibles para el acceso público en la Plataforma Nacional de Transparencia e indican contratos con Televisa, TV Azteca, Cadena Tres y Multimedios con montos desde $74,999,999.64 hasta $149,999,999.27. (CINEMATOGRAFÍA, 2020)

Sin duda un beneficioso negocio con las televisoras, pero no para los estudiantes. En contraste de estos gastos, no se han mostrado los beneficios ni los avances que ha tenido el programa para los alumnos, datos oficiales que muestran que aportes se han hecho a la educación en tiempos de crisis y no a las cuentas bancarias de algunos. 

En el caos de la educación contra la pandemia, los que han estado en la primera línea pueden confirmar sobre los efectos de “Aprende en casa”, docentes, padres de familia y niños, ante problemas de conectividad, falta de recursos en escuelas para comprar equipos de cómputo e instalaciones con internet, la dificultad de la economía familiar con pagos de luz y compras de dispositivos con conexión a internet. 

Cuando los programas en televisión y las plataformas educativas fallan, la educación queda de por medio y se dificulta más para todos cuando los magisterios, partidos políticos y el mismo gobierno pone presión a maestros y familias para regresar a clases, asimilar los sistemas mixtos, trabajar en la escuela y en internet sin dar opciones que realmente se necesitan.  

Este golpe al sistema de educación mexicano será igual de fuerte, al no reinventarse, ni enfocarse en acciones positivas para la sociedad. “Aprende en casa” seguirá corriendo como el programa de televisión que se deja puesto en el fondo para hacer ruido en la casa, mientras las escuelas y los alumnos, libran otra batalla en repensar su continuidad en una escuela que se siente ausente, con maestros atiborrados en talleres intensivos, caducos, sin dirección y calcados de programas de otros países.

La apuesta por mejorar el diseño del sistema educativo está en las voces de quienes lo viven y construyen un cambio favorable para la educación de los niños. Quienes a pesar de todas estas condiciones tienen el fervor de continuar estudiando y enseñando, de salir de sus casas, viajar hacia las escuelas, batallar con internet y plataformas escolares, desvelarse y hacer exámenes. Tomará más tiempo para analizar todos los efectos de la educación en línea, por ahora lo cierto es que la SEP seguirá en un camino donde nadie voltea a ver, porque apremia más el futuro de la educación que malos programas de televisión.

 

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