21 septiembre, 2021

EL INE Y LAS 3 MANZANAS | #OPINIÓN

 

#OPINIÓN | Omar Olvera

Se puede leer en los relatos anónimos de <<Las mil y una noches>>,  — una de las obras con mayor fervor misógino de la historia humana – la prodigiosa habilidad de Shahrazad para prolongar su vida. Noche tras noche, la joven logra eludir su destino final, relatando historias de la antigüedad al Rey Shahriyar, quien tenía por macabra costumbre asesinar a las mujeres vírgenes con quienes previamente copulaba. En la noche 18, Shahrazad narra lo acontecido al sultán Harún Al-rashid, quien tras descubrir al fondo del Tigris el cuerpo descuartizado de una mujer, ordena crucificar a su ministro Djafar, por considerarlo incompetente para el cuidado de sus súbditos. Tres días de gracia son concedidos al ministro para encontrar al responsable del homicidio, siendo que al cuarto – sin éxito – es llevado a las puertas del palacio a cumplir su sentencia. Previo a la ejecución, un par de hombres confiesan el crimen, resultando ser el esposo de la víctima y su padre quienes alegan haber degollado a la mujer, por considerarla adúltera.

El argumento de este cuento reposa en la travesía que el esposo – verdadero asesino de la mujer —  realiza por quince días a Basra para comprar 3 manzanas a su pareja. El también mercader descubre al poco tiempo a un esclavo negro con una de esas 3 manzanas, al interrogarlo sobre el origen de la fruta, el esclavo alega haberla obtenido de su amante, quien a su vez la había recibido como obsequio de su marido, quien había tenido que viajar a Basra por 15 días para obtener el codiciado fruto. Colérico, el hombre vuelve a casa para asesinar a su esposa, descubriendo a posteriori que fue su hijo quien había tomado la manzana para jugar, y siendo el  esclavo quien robara la manzana a su pequeño, interrogándole antes sobre cómo un niño había conseguido tal fruto, explicando así cómo es que el esclavo conocía el origen de la desgraciada manzana.

En el curso de esta historia, el sultán Harún Al-rashid, árbitro exclusivo de la justicia musulmana, ordena la crucifixión de 4 diferentes personas (su ministro Djafar, el esposo y el padre de la víctima, así como el esclavo que engañara al hijo de la mujer asesinada), y al término del relato, ninguno de los 4 es sentenciado, quedando impune el brutal asesinato de la joven.

En esta abyecta proyección de la antigüedad musulmana, podemos dar cuenta de los riesgos que conlleva la impartición de justicia cuando ésta reposa en la voluntad y el humor de una sola persona, quien en el mejor de los casos decide hacerse llegar de información previo a dictar su sentencia, y en el peor de ellos, decide con ligereza sobre la vida de las personas.

Aprendiendo esta lección, repetida en incalculables ocasiones en el curso de la historia humana, la ingeniería constitucional contemporánea ha optado por democratizar el acceso a la justicia, constituyendo órganos colegiados para tal propósito.

Quizás una de las piedras angulares de la democracia mexicana, es precisamente el encargo de la función del arbitrio electoral a una institución autónoma y especializada, cuyas decisiones no dependan de la voluntad de un sólo hombre, y su desempeño sea escrupulosamente evaluado por perfiles ciudadanos.

La reciente tentación del partido en el gobierno por controlar la elección de los consejeros del Instituto Nacional Electoral, disfrazada burdamente en el muy degradado prestigio de un intelectual mexicano, otrora autoridad moral del Derecho electoral como lo es John Mill Ackerman,  es un riesgo latente para la democracia mexicana.

Como se detalla en la ya muy popular obra de Levitsky y Ziblat <<¿Cómo mueren las democracias?>> el camino que lleva al autoritarismo encuentra sus primeros pasos en el desmantelamiento de las instituciones, primordialmente aquéllas cuyas funciones debieran ser por naturaleza autónomas al poder ejecutivo en una nación libre.

El reto de los nuevos consejeros del INE no es menor, más de 3,500 cargos de representación popular se elegirán en el 2021. Son 30 los Estados de la República que tendrán renovaciones en ayuntamientos, legislaturas locales o gubernaturas, así como en la representación parlamentaria de 300 distritos federales.

Por muy apetitoso que parezca al Presidente controlar desde las entrañas del INE este proceso electoral, argumentando como siempre su fragilidad institucional y tendencia a la corrupción, los ciudadanos mexicanos debemos oponernos ferozmente a que esto suceda, pues la democracia y sus libertades inherentes están en riesgo.

De no lograr los distintos partidos políticos articular una defensa inteligente de las instituciones nacionales, los mexicanos corremos riesgo de crucifixión, por absurdo que parezca, si es que el poder de decidir sobre el destino nacional llega a depender de un sólo hombre, y se repita la historia de 3 malditas manzanas.