24 enero, 2022

#Opinión || El lado triste de la Navidad

Voto en Blanco (24 de diciembre de 2021) || Aarón Becerril Gutiérrez

Frecuentemente escuchamos en alguna conversación casual que el suicidio aumenta en épocas decembrinas ¿Esto es cierto o es un mito más de esos que sirven para romper el hielo? 

Existen algunas investigaciones sobre esta pregunta que concluyen que los suicidios no tienen una relación directa con las fechas navideñas. No es la fecha lo que motiva el suicidio, son las circunstancias que viven las personas en esas fechas, si el individuo tiene la intención de suicidarse con anticipación, elegirá una fecha significativa para él. Prueba de esto, son las cifras que nos indican que los suicidios también aumentan el 15 y 16 de septiembre en nuestro país, o el 10 de mayo, día de las madres. Cada persona vive una situación particular y cuenta con motivos propios para llevar a cabo el acto. 

Hay distintas maneras de ver el acto suicida. La cultura, por ejemplo, es una variable que moldea la percepción sobre dicho fenómeno. En el occidente, se ve como la consecuencia de ser una persona triste y desolada, en el oriente, puede llegar a ser un acto de valentía, como en los casos de soldados conocidos como “kamikaze” que sacrificaron su vida por un bien común. Lo que se retrata en la frase del escritor francés Albert Camus “una excelente razón para vivir, es una excelente razón para morir” el autor sostiene en El mito de Sísifo que, el suicidio es rendirse ante el absurdo de la vida, siendo el único problema filosófico verdaderamente serio. 

Por otro lado, el sociólogo francés Émile Durkheim, en su obra Le suicide (1897), señala que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Esto nos da una pista para contestar la pregunta que se planteó al inicio, aunque no de manera satisfactoria. Por lo que es importante reflexionar sobre las exigencias sociales que incrementan en navidad, por enunciar algunas, podemos decir que a finales de diciembre se les exige a las personas que tengan esperanza en el futuro, que hagan una retrospectiva de lo que fue su año, que estén rodeados de sus familiares, que tengan un buen trabajo, porque es necesario comenzar el año con planes, pero, justo estas sutiles exigencias se contrapone al pensamiento suicida, que busca terminar con todo lo que le da la sensación de estar solo, con sus pensamientos desoladores, no por nada estudios recientes revelan que trastornos como la ansiedad y la depresión han tenido un aumento desenfrenado a partir del inicio de las redes sociales. 

Esto se debe a que en los medios virtuales se prioriza dar la mejor imagen posible al mundo, si el lector no está seguro de esto, se le invita a dar un pequeño chequeo al perfil de sus amigos, donde encontrará fotos de personas sonriendo, de momentos de triunfo y, en menor cantidad, se asomará aquellos eventos trágicos, esto es explicado con gran acierto, por la teoría conductual sobre la que descansa la mayoría de aplicaciones (Facebook, Tik tok, Instagram), la cual nos indica que la conducta que reciba mayor retribución, será la que se repita con mayor frecuencia, en el caso de las redes sociales, las muestras de “felicidad/positivismo” son premiadas con atención, haciendo que las conductas depresivas sean censuradas por los mismos usuarios. 

Por otro lado, el suicidio no podría entenderse en su totalidad sin el factor simbólico de su ejecución, tal es su importancia que, los individuos suicidas llegan a ver este acto como una obra de expresión, por lo que la dotan de significados, desde la forma que eligen para suicidarse, hasta el lugar donde se llevara a cabo. 

Algunos puntos de referencia que se han hecho conocidos por sus altos niveles de intentos de suicidio incluyen: el metro de Londres, el puente Nusle de Praga, el cabo Beachy de Eastbourne, el viaducto Príncipe Edward de Toronto, el Salto de Tequendama en Colombia, The Gap en Sídney, las cataratas del Niágara, el puente Golden Gate en San Francisco, el puente de Nankín sobre el río Yangtsé, un peñón conocido como la Piedra Feliz de Valparaíso. No son sitios aleatorios, cada uno de ellos significa algo para el suicida, este significado puede ser individual o social, es decir, puede deberse a una experiencia significativa o a las ideas que hay alrededor de ese lugar.

Como hemos visto a lo largo de este artículo, el suicidio es un fenómeno complejo que no debe de ser subestimado cuando se presentan indicios de su ejecución. Para prevenirlo es necesario una línea de apoyo integral. Esto se logra ofreciendo oportunidades reales de crecimiento personal en las áreas laboral y educativa a los individuos en riesgo, y para un uso adecuado de su tiempo libre, así como herramientas para la adquisición de habilidades sociales. Norma Coffin Cabrera, profesora de psicología clínica propone que “estimular a la persona otorgando reconocimiento a sus logros, impulsar políticas que ofrezcan una sociedad incluyente, con alternativas posibles y reales, fomentar la comunicación entre ellos y capacitar a los maestros para identificar a tiempo sus problemas emocionales serían algunas estrategias de prevención”.

Junto a la atención psicológica o psiquiátrica, en nuestro país existen líneas de teléfono, a veces de titularidad pública y a veces sostenidas por organizaciones no gubernamentales, para ayudar a la gente en situación de crisis o con ideas suicidas. 

Durante la pandemia de COVID-19, la línea telefónica Línea de la Vida 800 911 2000 ha constituido un mecanismo para brindar apoyo emocional a las personas que lo requieren y recibir un tratamiento adecuado. Otra alternativa es la línea de Atención Psicológica Call Center UNAM, que es un servicio de atención psicológica por teléfono perteneciente al Programa de Intervención en Crisis, de la Facultad de Psicología de la UNAM. Este servicio es gratuito y para público en general. Da atención psicológica breve y de emergencia a personas en situación de crisis. 

A manera de conclusión, es importante tener presente que son las circunstancias de la persona, las que determinan el acto suicida y son estas mismas, las que deben de disminuir para poder cambiar el pensamiento autolesivo. La Dra. María Elizabeth de los Ríos Uriarte, profesora e investigadora de la Facultad de Bioética de nuestra Universidad Anáhuac México afirma que “no basta dar consejos ni consolar a una persona que se sumerge, cada día que pasa, en un mar profundo de angustia y soledad del que le es imposible salir por ella misma, de ahí que es importante generar conciencia social para detectar y prevenir que estos casos desemboquen en la fatídica decisión de terminar con la vida”.

 

 

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