21 septiembre, 2021

Palestina vs Israel La batalla interminable por la colonización | #OPINIÓN

Por: Sofía Rosales

Hace unas semanas se convirtió en tendencia el reclamo de 1 millón de personas alrededor del mundo por la censura en plataformas digitales -como Google- hacia el estado de Palestina.

La denuncia de los usuarios es clara. La “omisión” de Palestina en los mapas supone un insulto al pueblo Palestino y a la lucha que ellos consideran legítima, la cual aspira a un estado independiente, soberano y libre de la ocupación ilegal y la opresión israelí en su territorio.

Probablemente para muchos resulten desconcertantes las acciones emprendidas por parte del monstruo tecnológico y de comunicación que es Google, pero ¿Cuál es la verdadera razón detrás de todo esto?

Desde 1967 Israel mantiene una ocupación militar en la Franja de Gaza y Cisjordania (Incluida el territorio de Jerusalén del Este), la cual nunca ha sido reconocida por la gran mayoría de la comunidad internacional que integra la Organización de Naciones Unidas y que además ha sido señalada como un crimen de guerra bajo un precepto de colonización.

Este conflicto supone una de las más grandes y complicadas luchas sociales, políticas, económicas y religiosas de la era moderna. Esta lucha por el territorio de Palestina ha provocado seis guerras, dos levantamientos civiles y miles de muertos y refugiados. Pero detectar su origen y sus razones, no es fácil. Podría abordarse desde una cuestión religiosa, pero su análisis sería erróneo. En realidad, como se ha estudiado en los últimos años, este conflicto es una cuestión de colonialismo y el asentamiento ilegal sionista el cual empezó en el siglo XIX y que continúa activo en la actualidad.

Comenzaremos este análisis estableciendo un breve pero exhaustivo contexto histórico acerca de este conflicto y para ello es necesario reconocer y enmarcar cual es el origen de este.

El territorio de disputa entre árabes y judíos se encuentra ubicado en un lugar muy conflictivo. Las crónicas más antiguan documentan enfrentamientos entre Egipto al sur y Mesopotamia al norte. Más tarde, comenzaron las sangrientas conquistas asirias, babilonias, persas, griegas, romanas, árabes, cristianas, turcas e inglesas, hasta llegar a la actualidad, en la cual se eterniza la confrontación entre pueblos arraigados a esa tierra que, para respaldar sus derechos, se basan en sus propias narrativas.

Comenzaremos explicando la complicada historia de los israelitas; quiénes consiguieron unificar a las diversas tribus y pueblos que habitaban entre el río Jordán y el Mediterráneo. David, mil años antes de la era cristiana –había nacido en la aldea de Belén (Beth-léjem, en hebreo, “casa del pan”), convirtió en su capital estratégico a la tribu jebusea, quienes estaban ubicados a pocos kilómetros al norte; a ese territorio se le impuso el nombre de Jerusalén (en hebreo, “ciudad de la paz”). Después se produjo una fractura entre los habitantes del norte y el sur del pequeño país.

El territorio del norte se le llamó el Reino de Israel y al sur, Reino de Judá. Los asirios conquistaron y destruyeron el reino del norte. Siglos después los babilonios hicieron lo mismo con el del sur. Siete décadas más tarde el emperador Ciro, de Persia, auspició el regreso a Jerusalén de los exiliados de Judá.

Luego de la breve conquista helénica, los macabeos recuperaron la independencia de Eretz Israel (Tierra de Israel), que duró hasta la conquista romana en el 66 D.C. Los emperadores Vespasiano y Tito tuvieron que frenar las sublevaciones judías y arrasaron Jerusalén.

Pero ¿Y Palestina? En este punto ni siquiera existía.

Un siglo y medio después de Cristo se produjo otro suceso importante. Jerusalén estaba en ruinas. Existió un guerrero llamado Bar Kojbá quien reinició la lucha, y consiguió una relativa independencia. Los romanos mandaron cuerpos militares y cuando consiguieron penetrar en la última fortaleza de Bar Kojbá, se les prohibió a los israelitas visitar Jerusalén, convertida en una guarnición militar, y pronto cambió el nombre a la ciudad por el de Aelia Capitolina. Al mismo tiempo, cambió la denominación de Judea o Israel por Palestina.

Y a partir de este suceso, se conoce por primera vez el estado Palestino.

Años más tarde, cuando terminó la Primera Guerra Mundial, se separó Palestina de Israel y quedó en manos de la Liga de Naciones. Y quienes nacían en esa tierra eran palestinos, fuesen judíos o árabes.

Antes de su independencia en 1948, recuperaron el nombre de Israel, los judíos se llamaban a sí mismos palestinos. Y hablaban de “volver a Palestina”. <<Palestina era reconocida como el hogar de los judíos incluso por quienes los odiaban>>

Los árabes tardaron en tomar conciencia de su propia identidad nacional. Al principio, hasta adoptaron el sionismo como una pieza fundamental de su cultura, como lo atestigua el encuentro entre Jaim Weizman (Presidente de la Organización Sionista Mundial) y el rey Feisal de Irak.

Por el otro lado, Gran Bretaña, advertida de la compulsión judía por su emancipación, cortó dos tercios de la Palestina que le habían adjudicado e inventó el reino de Transjordania, donde instaló al hachemita Abdulá, hijo del jerife de La Meca, quién cometió el delito de quitar derechos a los judíos, que reclamaban parte de ese territorio, y lo convirtió en el primer espacio Judenrein (limpio de judíos), incluso antes del nazismo.

Pronto, Gran Bretaña advirtió que sus aliados en la zona eran los árabes, no los judíos, y creó la Liga Árabe en 1945, para mantener su poder colonial. Olvidó que estaba allí para favorecer la construcción de un Hogar Nacional para el pueblo judío, el único que de forma permanente y con grandes sacrificios exigía la reconstrucción del país que le había dado su gloria. Es cierto que algunos judíos preferían que esa misión la cumpliese el Mesías y otros se volcaron a la causa de la revolución comunista, pero el núcleo central se agrupó en torno al sionismo, palabra que significaba –simple y elocuentemente– el renacimiento nacional y social del pueblo.

Después de la Segunda Guerra Mundial la demanda emancipadora judía era más latente. La potencia colonial llevó el caso a las Naciones Unidas para provocar su condena. Y de esta forma, la ONU votó el fin del Mandato Británico y la división de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe (no establecía que alguno se llamase Palestina, sino que eran parte de Palestina).

Los judíos celebraron la resolución, pero los países árabes en conjunto decidieron violarla sin escrúpulos y barrer “todos los judíos al mar”, como lo atestiguan documentos de la época. La guerra, por lo tanto, se presentaba como un hecho inminente. Y apuntaba a un nuevo genocidio, pocos años después del Holocausto. No había pudor en seguir asesinando judíos. Ni siquiera los que rechazaban semejante conducta propusieron una condena rotunda y eficaz.

Muchos de estos conflictos fueron impulsados por el bloque soviético, Para los 80´s se añadió un factor determinante: la irrupción del islamismo. Al calor de la Primera Intifada, en 1987 surgió Hamas, la organización islamista, considerada terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, y que planteaba Palestina -incluido Israel- como un todo irrenunciable por mandato divino. Los atentados causaron unos 480 muertos entre 1994 y 2005. Con su aparición, el movimiento palestino quedó atrapado entre dos modelos, uno laico y otro islamista, una bicefalia que todavía hoy se arrastra.

La amenaza de Israel de anexionarse hasta un 30% de los Territorios Palestinos, es un capítulo más de esta historia, que ahora ha despertado todas las alarmas internacionales. “Lo que pretende esta anexión es legalizar, según la ley israelí, lo que de facto ya existe, porque de facto ya hay ese control israelí sobre los territorios ocupados”.

Y así, el conflicto de Israel y Palestina, es clave para la estabilidad de Oriente. Muchos buscan ahora, como otros hicieron antes, respuestas en los orígenes de un conflicto que ha pasado por muchas etapas que han ido cambiando en función del rumbo del siglo. “Israel cuenta con una relación de fuerzas infinitamente superior a quienes se oponen, es decir, los palestinos y el resto de países árabes”, señala el codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

Ahora, la dinámica de las luchas armadas parece que ha cambiado o, al menos, se ha desinflado. “Es una época que ha pasado”, señala Ramos Tolosa. Palestina se encuentra dividida, y no sólo territorialmente. Su alma política también está dividida entre dos proyectos, el nacionalista-laico y el islamista.

Décadas después, guerras, revueltas y acuerdos fracasados, el conflicto entre Israel y Palestina parece muy lejos de su solución.

La respuesta de la comunidad internacional a través de la comunicación digital a la lucha por la tierra hace evidente que ahora hay otros intereses y conceptos, además de evolución generacional. Conceptos como la justificación religiosa o los intereses geopolíticos, propios y ajenos han envenenado aún más la disputa. Pero el control de la tierra fue, es y será uno de los principales elementos de esta, aparentemente, eterna lucha.