4 diciembre, 2021

Coronavirus y la sombra en la pared

Foto: Reuters

 

Hace unas semanas surgió en Wuhan un nuevo virus que causa neumonía y que tiene una tasa de mortalidad menor al 2 por ciento.

En menos de dos meses se ha extendido por varios continentes, por lo que ha afectado eventos mundiales como el carnaval de Venecia o los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, además, ha perjudicado a la economía global, la movilidad de millones de personas y ha provocado una verdadera pandemia de miedo global.

En el inmenso mar de desinformación en el que navegamos día con día se habla de miles de contagios, decenas de países afectados, cuarentenas, muertos, etc; sin embargo, la falta de precisión en la información ha avivado el pánico colectivo. Con la llegada del coronavirus a México, esta situación se ha intensificado aun más.

 

Es un buen momento para detenernos, analizar la situación y tratar de ver la realidad de forma objetiva.

 

La letalidad.

Hasta el 28 de febrero había más de 2 mil 800 muertos y cerca de 90 mil contagios de coronavirus en todo el mundo, aunque la mayoría de ellos se dieron en China.

La enfermedad ha llegado a casi 50 países, prueba de que tiene una gran capacidad de transmisión, no así de letalidad, en realidad el coronavirus mata a muy poca gente.

La tasa de mortalidad del coronavirus en Wuhan es de entre el 2 y 4 por ciento, fuera de la ciudad en la que se originó, es de alrededor del 0.7 por ciento.

A su vez, la mayoría de las personas que han muerto en China a causa de la neumonía que provoca el coronavirus, eran personas de edad avanzada o que presentaban patologías previas.

De la misma forma en que sucede con la gripe y otras enfermedades comunes, el coronavirus tiene la capacidad de contagiar a personas de todas las edades, pero es más común que afecte a personas con problemas de salud, además de que sus efectos se agravan cuando coinciden con otras enfermedades como el asma, las enfermedades del corazón, etc.

La letalidad general en China era del 2.3 por ciento al corte del pasado 28 de febrero, pero entre las personas mayores a 80 años era del 14.8 por ciento, para las personas de entre 70 y 79 años, la tasa era del 8 por ciento, para los mayores de 50 años la tasa era superior al 1 por ciento y de los 418 menores de 10 años que resultaron contagiados, ninguno perdió la vida.

Italia ha sido señalada como la nación desde la cual el virus se propagó por -prácticamente- todo el mundo, sin embargo, de los más de mil casos de contagio que ha registrado, solamente han muerto 29 personas.

 

A mayor contagio…¿mayor peligro?

Una pandemia implica una transmisión constante, sostenida y eficaz de una enfermedad en más de tres regiones geográficas distintas de forma simultánea. Este término solo hace referencia a la transmisibilidad y la extensión geográfica de la enfermedad. No a la letalidad, ni la tasa de mortalidad de la misma.

El alcance y la letalidad del coronavirus depende sí de a quiénes contagia, pero también de cómo se le enfrenta y este punto está directamente relacionado con las capacidades de los sistemas de salud de los diferentes países, por lo tanto, mayor contagio puede o no significar mayor peligro porque estas no son directamente proporcionales. En este caso, el resultado dependerá de una serie de características específicas.

 

Las mascarillas y los cubrebocas.

Con el coronavirus se ha hecho cada vez más común el uso de cubrebocas y mascarillas en las calles, los aeropuertos, centros comerciales, plazas públicas, transporte, etc; no obstante, estas no sirven de nada a menos de que se esté tratando directamente con alguien enfermo, porque el virus no se propaga a grandes distancias por el aire. Se propaga a través de las gotículas generadas cuando una persona infectada tose o estornuda, a través de las gotículas de saliva o secreciones nasales.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el virus puede llegar hasta ocho metros de distancia de una persona que tose o estornuda, no más.

Pese a esto, las ventas de cubrebocas se han disparado y han provocado que muchas farmacias se queden sin mascarillas. Esto, además de ser inútil, pone en riesgo de desabasto a los hospitales y espacios médicos donde sí es obligatorio el uso de protección de barrera en boca y nariz.

En conclusión, el coronavirus es una nueva enfermedad a la que no hay que subestimar ni quitarle importancia, pero tampoco es el fin del mundo.

La magnitud con la que es percibida esta nueva enfermedad se debe a que ha captado, o se ha fijado, en la atención pública global y hemos visto miles de imágenes, artículos, infografías, videos, memes, programas de televisión, radio, podcasts y demás sobre el tema a lo largo de estos dos meses.

 

“El poder reside en donde los hombres creen que reside, es un truco, una sombra en la pared, y cualquier hombre, por más pequeño que sea, puede provocar una sombra grande.”

 

Braulio Luna / @brauliolxn

 

 

Este es un espacio de opinión y no representa la postura del medio, sino la del autor