28 julio, 2021

Día Internacional de los Trabajadores y el trabajo precario en México

 

 

El 1 de mayo se celebra el Día Internacional de los Trabajadores y por ello la mayoría disfruta de un día libre de actividades laborales, pero detrás de esta ‘festividad’ hay una historia de lucha.

Durante la revolución industrial en Estados Unidos, a finales del siglo XIX, los trabajadores se organizaron y movilizaron para exigir una jornada laboral de 8 horas, ya que la ley vigente indicaba que la jornada podía durar hasta 18 horas y la multa por incumplimiento era de apenas 25 dólares.

Los trabajadores exigían que el tiempo se repartiera en 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de sueño.

Después de 3 días de enfrentamientos entre los manifestantes y los policías que dejaron centenares de trabajadores golpeados, torturados, despedidos, detenidos, procesados, etc; a finales de mayo de 1886, varios sectores accedieron otorgar la jornada laboral de 9 horas para miles de obreros.

En la actualidad, el 80 por ciento de las personas que trabajan lo hace en condiciones deplorables, ya sea porque el salario que perciben es insuficiente, porque no cuentan con un contrato estable, porque no cuentan con las prestaciones que exige la ley o porque sus jornadas laborales son superiores a las 48 horas semanales.

Desafortunadamente, esta situación se ha normalizado y, hasta cierto punto, aceptado.

Estas condiciones laborales marcan un panorama en que hay estructuras de trabajo que son una ‘auténtica fábrica de pobres’. En el mundo del trabajo, por lo menos la mitad de los trabajadores no gana suficiente para vivir, de acuerdo a datos de un reciente estudio hecho por el Observatorio Trabajo Digno.

Datos oficiales señalan que actualmente 15.6 millones de personas perciben un ingreso laboral que no cubre el costo de la canasta básica para su familia.

Alrededor de 14.6 millones de personas trabajan en informalidad, ya que sus empleadores no los integran a la afiliación obligatoria del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Se calcula que cerca de 17.6 millones de personas no tienen un contrato laboral estable, lo que representa una violación a su derecho a la estabilidad en el trabajo.

Además, 29.5 millones de trabajadores mexicanos no están afiliados a un sindicato. En ese sentido, la reforma laboral recientemente aprobada en el Congreso de la Unión podría atender algunas necesidades de los trabajadores. Sin embargo, aún hay mucho por hacer.

Si millones de mexicanos trabajan en las condiciones antes mencionadas es por las normas contradictorias y lagunas en la ley que permiten estas violaciones u omisiones. Además de que las autoridades permiten que modelos de negocios que promueven y reproducen estas prácticas, sigan operando.

La reforma laboral impulsada en el sexenio pasado buscaba que el servicio temporal y especializado prestado a empresas fuera rentable y productivo y abrió la puerta al outsourcing, sin embargo, la legislación se ha utilizado para despojar a los trabajadores de los derechos más elementales que merecen: salario y jornada digna, seguridad social y estabilidad laboral.

Desafortunadamente estamos tan acostumbrados a no tenerlos que pareciera que no pasa nada, pero estas condiciones ponen en peligro el presente y futuro personal y familiar de los trabajadores.

Enrique Peña Nieto llamó en repetidas ocasiones a su administración como “el sexenio del empleo”, no obstante, fueron años de normalización de la precarización del trabajo. Según datos del IMSS, de los 3.9 millones de trabajos formales que se concretaron entre 2012 y 2018, el 75 por ciento se contrató por un sueldo de 3 mil 842 pesos mensuales.

La administración lopezobradorista tiene la oportunidad de generar un cambio en las condiciones laborales de los mexicanos. Para ello, es necesario que asuma el compromiso y que se apegue a una agenda de respeto a los derechos laborales, así como del crecimiento económico y el aumento de la productividad laboral.

El aumento del 16.21 por ciento del salario mínimo durante los primeros días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue un muy buen primer paso. Pero, insisto, aun hay mucho por hacer.

En la reforma laboral recientemente aprobada por el Congreso no se tocó el tema del outsourcing, sin embargo, el presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social, Napoleón Gómez Urrutia prometió que en el siguiente periodo de la legislatura se tratarán más temas en materia laboral, entre ellos, el outsourcing.

Para mejorar la calidad de vida de los trabajadores hay que atender necesidades de diferentes ámbitos.

Urge repensar si los esquemas de ‘productividad’ por horarios realmente funcionan, toda vez que México es el país de la OCDE con la jornada laboral más extensa pero también con uno de los niveles de productividad más bajos.

Urge mejorar la calidad del transporte público y ofrecer alternativas de movilidad, para que los trabajadores dejen de invertir decenas de hora a la semana en traslados y puedan utilizar ese tiempo en actividades de ocio, descanso, o lo que se les de la gana.

Es necesario atender las necesidades de recreación y ocio para reducir los niveles de estrés de los trabajadores y a su vez aumentar la productividad, etc.

Insisto, hay mucho por hacer.

El neoliberalismo priorizó los intereses de unos cuantos y desechó los de la mayoría, el neoliberalismo trató de robarnos el futuro. Es momento de recuperarlo.

 

Braulio Luna / @brauliolxn

 

 

Esta es una columna de opinión y no representa la postura del medio, sino del autor