4 diciembre, 2021

Tenemos que hablar… de la carta y la disculpa

Foto: Especial

A través de un video difundido en sus redes sociales y en el marco de la conmemoración de los 500 años de la batalla de Centla en la que los indígenas maya-chontales fueron derrotados por el ejército de Hernán Cortés, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que había enviado una carta al rey de España y otra carta al papa para que pidan perdón a los pueblos originarios de México por las violaciones a los Derechos Humanos que se cometieron durante la conquista.

La respuesta inmediata de quienes no simpatizan, e incluso de quienes simpatizan con el actual gobierno de México, fue catalogar el hecho como de algo innecesario, irrelevante e incluso tonto.

En el video, López Obrador dice que quiere que el 2021 sea el año de la reconciliación y de “la construcción de una relación de hermandad entre ambas naciones”.

La petición de AMLO fue rechazada por la corona de España porque asegura que lo ocurrido en la conquista “no se puede juzgar a la luz de las consideraciones contemporáneas”.

Las disculpas oficiales son parte de lo que se conoce como reparación del daño en los procesos de justicia restaurativa y transicional; y sirven para hacer un reconocimiento de la responsabilidad sobre algún daño.

Afirmar que en los procesos de la conquista y colonización en el continente americano se cometieron muchas violaciones a los derechos humanos no es algo disparatado.

Hay procesos que no se han resuelto en materia de derecho penal internacional (como el caso de Turquía y Armenia) en los que se exige el reconocimiento internacional de algún delito de lesa humanidad como el genocidio o el exterminio, cometido en contra de alguna población por parte de autoridades estatales o extranjeras. En este caso, México solo pide una disculpa y ninguna reparación material.

Es importante destacar que la disculpa es para los pueblos originarios, no para el Estado mexicano y de parte de la monarquía española; no del pueblo español, ni de la cultura española, ni de la hispanidad.

Históricamente las disculpas oficiales se han dado desde hace años a nivel global, por ejemplo, Emmanuel Macron ofreció disculpas por las torturas y desapariciones forzadas que se cometieron durante la guerra de Argelia, cuando esta se independizó de Francia entre 1954 y 1962.

Justin Trudeau pidió perdón a la comunidad judía porque en 1939, Canadá rechazó un barco con más de 900 judíos porque fueron considerados como “indignos” de tener un hogar, durante la Segunda Guerra Mundial.

Y sobre un hecho aún más lejano, el gobierno del expresidente español, Mariano Rajoy, pidió perdón en 2015 a la comunidad sefardí porque fue expulsada de su territorio en 1492 porque no quisieron convertirse a la religión católica.

Estas disculpas se ofrecieron para limpiar la historia y reconocer públicamente los errores del pasado.

Quizá para muchos de nosotros, una disculpa a los pueblos originarios sea algo que no entra en nuestros intereses porque nunca hemos sido discriminados por nuestro origen étnico, sin embargo, puede que para los miembros de los pueblos originarios sí signifique algo.

Creo que la disculpa es una reparación simbólica y no cuesta mucho, ni le hace daño a nadie.

Por otro lado, pedir a la corona española que se disculpe sin que el propio López Obrador, a nombre del Estado mexicano ofrezca una disculpa por los 200 años de racismo, marginación y opresión que le sucedieron a la conquista sería algo incongruente y, la verdad, bastante tonto.

Una disculpa es lo mínimo que el gobierno podría ofrecer. Sin embargo, hay mucho por hacer.

Podría comenzar sometiendo a consulta e incluyendo a los pueblos originarios en proyectos que afectarán su realidad inmediata como lo es la construcción del Tren Maya.

Podría modificarse el esqueleto legislativo para que las voces de los pueblos originarios sean tomadas en cuenta en la toma de decisiones.

Promover cambios en las estructuras de opresión hacia los pueblos indígenas y un largo etcétera que podría realmente comenzar a resarcir el daño que durante tanto tiempo se les ha hecho.

Finalmente, lo que más me sorprende es que desde que se subió el video, hasta ahora, ha habido miles de tuits, miles de textos publicados en medios, memes, vídeos, posts en facebook, etc.

Desde el momento en el que video se publicó, gran parte del interés nacional se centró en este tema. López Obrador es muy bueno manejando y definiendo la agenda y la oposición persigue y vocifera contra cada tema que el presidente pone sobre la mesa. Todos los temas le funcionan.

Lo bueno, la sociedad está muy politizada.

Lo malo, la oposición está perdida y no logra colocar un solo tema en la agenda.

Lo peor, esto está sacando a relucir cuán racistas somos con nuestros propios connacionales.

Sería un buen momento para cuestionarnos sí en alguna ocasión hemos hecho algo que abone a la marginación de quienes tienen orígenes indígenas y tratar de ser más empáticos con quienes viven una realidad distinta a la nuestra.

Que nada humano nos sea ajeno.

 

Braulio Luna / @brauliolxn

 

 

 

Esta es una columna de opinión y no representa la postura del medio, sino del autor